El cuerno de África sufre hoy la peor crisis humanitaria del mundo con 12,4 millones de personas necesitadas urgentemente de ayuda. Somalia es el epicentro de esta crisis de inseguridad alimentaria donde, por primera vez en treinta años, Naciones Unidas ha declarado el estado de hambruna en cinco regiones del país.
La peor sequía en 60 años ha sido el factor desencadenante de esta catástrofe, una situación, sin embargo, que poco ha podido sorprender a nadie con un mínimo conocimiento de la región. Como en Haití, se trata de la crónica de una catástrofe anunciada, en un país golpeado por 20 años de guerra civil, abandonado a su suerte por la comunidad internacional, pero afectado por la globalización con toda su crueldad, factores que se han combinado para hacer posible que en pleno siglo XXI un niño muera cada 4 segundos en algunas zonas del sur del país.
Las dimensiones de la crisis exigen una respuesta inmediata y la movilización de ayuda humanitaria para hacer frente a las necesidades vitales de los millones de personas amenazadas por el hambre. Pero a pesar de las impactantes imágenes de niños desnutridos, “África y hambre” no vende. Frente a la explosión de solidaridad que generó, por ejemplo, el terremoto en Haití, a este tsunami a cámara lenta le costó hacerse un hueco en la agenda informativa y no está movilizando los recursos requeridos a pesar de haber costado ya la vida a decenas de miles de personas. Al hecho de tratarse de una catástrofe menos “mediática” y de estar sucediendo en pleno verano, se une la mayor profundidad de la crisis económica global que afecta a los países desarrollados lo que explicarían su menor permeabilidad al dolor ajeno.
En este contexto se trata de un esfuerzo loable la iniciativa de SOLIDAR, red europea de la cual ACPP es miembro, de crear un SOLIDAR Horn of Africa Solidarity Fund para recaudar fondos y apoyar el trabajo conjunto de la organización a partir de su miembro Arbeiter Samariter Bund (ASB).
No obstante, incluso si suficiente ayuda humanitaria es movilizada, esto supondría solo un parche momentáneo, puesto que los problemas estructurales que amenazan el Derecho a la Alimentación de millones de personas en Somalia persistirían.
¿Cuáles son los factores detrás de tanta inseguridad alimentaria?
- Crisis política: Somalia, caso paradigmático de Estado fallido, no ha estado bajo control de un solo gobierno desde 1991. Milicias extremistas próximas a Al Qaeda controlan el sur del país, secciones del norte y del centro del país son completamente autónomas y quieren formar su propio estado, y el Gobierno central controla sólo la capital y parte del centro del país apoyado por una mal equipada misión de paz de la Unión Africana.
- Desidia de la comunidad internacional: Somalia fue abandonada prácticamente a su suerte después del fracaso de una operación de paz que acabó con imágenes de cadáveres de marines norteamericanos arrastrados por las calles de Mogadiscio. A pesar de las advertencias durante meses sobre la tragedia que se avecinaba de las organizaciones presentes en el país, la comunidad internacional ha reaccionado sólo cuando la crisis ha adquirido condiciones de catástrofe.
- Cambio climático: Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes e intensos, afectando de forma mucho más cruda a los países pobres por su falta de recursos para adaptarse al cambio climático y por su dependencia de la agricultura.
- Mercado mundial de alimentación: la volatilidad y tendencia al alza de los precios de alimentos básicos, con consecuencias terribles para millones de personas, no es casual sino que viene en buena medida explicada por la especulación financiera en los mercados de futuros agrícolas y a la creciente inversión a la generación de agrocombustibles. Además, la arquitectura del sistema alimentario mundial privilegia a los lobbies de las grandes corporaciones agroindustriales, para quienes garantizar el Derecho a la Alimentación de millones de campesinos de países pobres no es una prioridad.
- Modelo agrícola imperante: A pesar de las sequías, Somalia era prácticamente autosuficiente hasta finales de los 70 gracias a un sistema de intercambios entre pastores nómadas y pequeños campesinos. A principios de los 80 reformas promovidas por el FMI y el Banco Mundial para fomentar la concentración e intensificación de la producción orientada a la exportación destruyeron el sistema alimenticio tradicional. Como consecuencia de estos cambios estructurales los pequeños productores nacionales fueron desplazados, se cambiaron las pautas de consumo y el país pasó a depender de la importación de grano.
¿Qué hace falta?
Una vez superada la inmediatez de la catástrofe humanitaria haría falta un compromiso serio de la comunidad internacional para promover la solución del conflicto en Somalia y superar la situación de anarquía que impide el desarrollo del país y resulta en una fuente de inseguridad regional y global, tal y como demuestra los problemas de piratería en el cuerno de África.
Los países desarrollados, principales emisores de CO2, deben asumir la responsabilidad de su contribución al cambio climático, ofreciendo recursos financieros suficientes para que los países que sufren sus consecuencias, en su mayor parte países pobres, puedan adaptarse al cambio climático.
La introducción de un Impuesto a las Transacciones Financieras sería un buen instrumento para empezar a exigir transparencia y regular las prácticas especulativas en los mercados financieros, prácticas que eventualmente tendrían que ser prohibidas por lo que respecta a los mercados de productos alimenticios. Asimismo, los países desarrollados y en especial la UE, tienen que revisar su política energética para corregir la tremenda presión al alza que el sistema de incentivos para promover el uso de agrocombustibles ejerce sobre los precios en el mercado mundial de alimentos.
Finalmente, y a pesar del contexto actual de crisis, los países desarrollados no pueden olvidar sus compromisos y obligaciones para con los países en vías de desarrollo. Somalia, más allá de ayuda humanitaria, necesita un apoyo sostenido en forma de cooperación al desarrollo con un especial énfasis en el desarrollo de sus capacidades agrícolas. Pero lejos de promover modelos agrícolas orientados a la exportación y grandes concentraciones agro-industriales, habría que fomentar un desarrollo rural integral sostenible, apoyando a los pequeños y medianos agricultores como guardianes de la biodiversidad, de la integridad de los paisajes rurales y de la seguridad alimentaria.
La única manera de garantizar el Derecho a la Alimentación a los millones de somalíes amenazados hoy por el hambre es promoviendo una agricultura sostenible, entendida, tal y como la define las NNUU, como una agricultura ecológicamente segura, económicamente viable, socialmente justa y culturalmente apropiada. Si esto no sucede y Somalia vuelve a ser dejada a su suerte una vez lo peor de la actual crisis humanitaria pase, será sólo una cuestión de pocos años hasta la próxima vez que nuevas imágenes de escuálidos niños somalíes con moscas en los ojos nos vuelvan a estropear las vacaciones de verano.
David Andrés Viñas, enlace de ACPP ante la Unión Europea










y uno quejando se por cosas tan banales, que si no puedo comprar la camisa de tal marca, que si el coche con tegnologia de punta, que si el perfume de moda, que si la comida con tantas calorias, DEBERIAN DE MANDARNOS ALGUNOS DIAS ALLA PARA QUE VALOREMOS LA VIDA,
Interesante
Un saludo