Los medios de comunicación son instrumentos en constante evolución. Todos y cada uno de ellos han sido, son y serán fundamentales en las diferentes fases del proceso de globalización. Siendo innegable su lado positivo (que existe), de un tiempo a esta parte me pregunto en muchas ocasiones en qué fase de globalización mediática nos encontramos en estos momentos.
La televisión, por ejemplo, uno de los grandes medios de comunicación de masas. Debiera servir para informar pero lo cierto es que, la mayor parte del tiempo, desinforma o “mal informa”. Y voy a plantearlo con justicia y responsabilidad: nos desinformamos, nos mal informamos. Porque, al fin y al cabo, la televisión es una herramienta con un uso funcional y una organización empresarial común. Nos encontramos frente a un gran número de televisiones privadas más interesadas en la plusvalía que en el mensaje y en una era enmarcada en la cultura del morbo. Pero, con eso y con todo… ¿es coherente seguir situando las causas sólo en torno a esta cajita? ¿Y qué hay de la responsabilidad en la parte receptora?
Cada vez son más los programas de tele realidad emitidos en nuestro país. Un género que muestra lo que le ocurre a personas reales, imposible de encasillar en el ámbito informativo, educativo, ficticio o espectacular. Y se llama tele realidad, cuando en realidad es una absoluta hiperrealidad televisiva de cuyos contenidos no se puede decir que existan o no existan, simplemente es la descripción de una información a la que la conciencia se ve expuesta.
Personas en escenarios cuasi reales, con conversaciones cuasi interesantes y con sentimientos cuasi creíbles…todo ello hiperrealismo.
Decía Baudrillard que “los bienes de consumo tienen un valor de signo, es decir que indican algo sobre su poseedor en el contexto de un sistema social. Fundamentalmente, el valor de signo no tiene un significado o un valor intrínsecos, más allá de los acuerdos hechos en torno a los bienes. A medida que los valores de signo se multiplican, la interacción social se basa cada vez más en objetos sin un significado inherente. Por ende, la realidad se vuelve cada vez menos importante a medida que el valor de signo toma precedencia.”
Imaginemos un gran lugar hiperreal como Disney World. Un mundo de fantasía e ilusión donde nada es real: ni la decoración, ni el paisaje, ni los sonidos. Todo es una copia que empuja hacia la ilusión y se siente como un sueño. Pero lo cierto es que la estancia y disfrute de este parque temático, porque es un parque temático tangible y mundano, es desorbitadamente cara. El resultado es que, pese a ser perfectamente conocedores de la transacción monetaria, la propia conciencia percibe todo el gasto desde una perspectiva “irreal”.
Si trasladamos la explicación a este nuevo género televisivo, podemos afirmar que para concursantes y espectadores la realidad se vuelve cada vez menos importante en favor de su valor de signo.
Y ahora bien, ¿cuál es nuestro valor de signo? ¿Cuál es nuestra marca de clase como consumidores de imágenes?
El último grito en tele realidad por dinero es el programa “Perdidos en la tribu” que se ha estrenado recientemente. Parece que no era suficiente con pantomimas burguesas que mostraban como un reportero jugaba a la exclusión social durante 21 días. Aun se puede ir más allá filmando como 3 familias hacen méritos para conseguir el beneplácito del jefe de alguna tribu de Namibia o Indonesia.
Y desde España consumimos estas imágenes y decimos en la cafetería o en la cola del autobús que este tipo de programas nos muestran otra realidad. Que los 150.000 Euros de premio no son lo importante porque las personas que integran la familia del Norte ganadora volverán del Sur siendo mejores personas.
Sólo algún dato:
NAMIBIA: Tasa de fecundidad total 4, Tasa de mortalidad infantil 43,8 ‰, Esperanza de vida al nacer 48,3 años, Médicos por cada 100.000 hab. 30, PIB por habitante (PPA en $) 2.120, Deuda externa 1.136.000.000 $, Posición según IDH 125
INDONESIA: Deuda externa total: 140.649.000.000 $, Índice de Desarrollo Humano: 0,697, Analfabetismo mujeres: 13,2%, Población sin acceso agua potable.: 22%, Nº médicos: 0,13 por 1.000 hab., Mortalidad infantil: 42,7 por 1.000 nacidos vivos, Casos de malnutrición aguda en menores de 5 años: 26%.
Y nosotras/os nos quedamos con la hiperrealidad del asunto porque, al fin y al cabo, es solamente un elemento de entretenimiento y ocio. Y, en cualquier caso, la culpa es de ella que es tele-basura, que está globalizada, que es morbosa…que es una caja tonta.
Pues me van a perdonar pero, en mi opinión las tontas y los tontos somos nosotras/os.
Ángeles Alonso (Gijón, 1981) es delegada de ACPP en Asturias y Presidenta de la Coordinadora Asturiana de ONGDs
